Flâneur en Concepción, Chile.

"La multitud es su dominio, como el aire es el del pájaro, como el agua el del pez. Su pasión y su profesión es adherirse a la multitud. Para el perfecto paseante, para el observador apasionado, es un inmenso goce el elegir domicilio entre el número, en lo ondeante, en el movimiento, en lo fugitivo y lo infinito. Estar fuera de casa, y sentirse, sin embargo, en casa en todas partes, ver el mundo, ser el centro del mundo y permanecer oculto al mundo, tales son algunos de los menores placeres de esos espíritus independientes, apasionados, imparciales, que la lengua sólo puede definir torpemente[1]".

El trayecto comienza, cómo no, desde una galería, que vendría siendo el pasaje en el flâneur, ubicada en Barros Arana entre Colo Colo y Aníbal Pinto, para luego ir, guiados por una tortuga, al “centro del centro”, a la “parada del tonto”: Barros Arana con Aníbal pinto, en donde se toma posición estratégica, y miro hacia atrás del camino que hice. Se tomarán el oído, el olfato y la vista, en el día y la noche. La observación fue el día Sábado 27 de noviembre. Ahora, entremos a la flâneuria con separación estésica.


El día: El oído

Murmullos, ecos del encierro en la galería. Zapatillas sonando en el parquet, goma que anuncia la llegada de un alma a la contemplación mórbida de mercancías… pero no puede escapar del oleaje del exterior, que mece al viento que crea el zaguán. La sensualidad femenina irrumpe en tacones rasgando el parquet con carácter; da la impresión de que es un caminar de pasarela, poniendo el peso en las caderas, meciéndolas… y llegamos al paseo peatonal: qué exquisitamente me mece el murmullo… hasta que me golpea una conversación, otra y otra más: pasan a mi lado, capto palabras sueltas que dejan mucho para la imaginación y poiesis narrativa… “si pero yo…”, “ya pueh hija”, “jajaja”; diversidad de palabras, de gentes… pero, como dijo Paul Valery, “los hombres se distinguen por lo que muestran, y se parecen por lo que ocultan”…
Estalla un grito infantil, vuelvo la cabeza: verborrea inocente y grácil de un niño que se maravilla por todo; ya bien lo dijo Giacomo Leopardo: “los niños encuentran todo en nada”… a lo lejos viene danzando la música al compás de la brisa, bailando con el murmullo tomados de la mano. Avanzo, la música comienza a danzar con más fuerza junto al murmullo, toma la iniciativa: le da el ritmo de paso a las gentes: bienvenidos al desfile de la cotidaneidad: bombo y caja de la música junto a las pisadas de las gentes…
“Chao chao” le da el paso a las ruedas de los skateboards: recuerdan la llegada de un tren que nadie espera; el skate le da vida al suelo, el cual nunca se siente tan vivo como cuando de la fusión con otro objeto nace un sonido. “Vamos, vamos”; tacones extasiados con el suelo concibiendo un golpeteo que rima asonantemente con el grito de la vendedora de cedés piratas – Estalla y rompe un grito infantil… un autito eléctrico recuerda a la máquina de antaño, y ahora un balón de básquetbol acompaña a este autito dando botes: sonríe el suelo. “música, películas, juegos”; niños y su característica habla de altos decibelios hace despertar a la cotidaneidad de sí misma… llegó el tren (y por lo tanto, el maní tostado): sonríe, esta vez, la infancia.
Tomo asiento en el centro del centro: el Kino salta sobre la multitud potentemente… es la voz del consumo: oportunidad de la autorrealización humana a través del dinero; todo esto mientras la catedral se hace presente al recordarle a la multitud que Dios está mirando con las campanadas, que son ocho…

El olfato

La mujer llega a la galería: golpea y hace girar la cabeza un dulce y primaveral perfume; brilla, reluce, destruye la sequedad del polvo frío de la galería… pero éste olor vuelve, vuelve sin hacerse notar… es un olor cotidiano, es un no-olor… predomina en la galería hasta llegar al paseo. El no-olor se torna tibio: puedo oler los rayos del sol a través del polvo; suena exquisito, pero no lo es, a menos que seas un pordiosero: ellos están hechos de rayos de sol en polvo. Camino con mi tortuga, me adentro en la multitud: oleadas de perfumes y colonias de todo tipo: podría decir el nivel socioeconómico de las gentes… pero no: predominan los perfumes “con clase”, caros. Con el perfume la mujer te invita a seguirla mientras te guiña el ojo y el hombre se hace notar dejando una estela: al principio fuerte y repelente, pero que al final se torna hacia una sonrisa. El desfile de ruidos anteriormente mencionado es acompañado por este singular desfile de perfumes, que se desvanecen raudamente; se suceden inmediatamente, sin dejarle espacio al no-olor (esto cuando estoy en la multitud).
Palomitas de maíz tibias reviven la niñez; fritangas avivan la gula. Los olores están constantemente avivando el líbido…

La visión

Oscuridad de la galería; mujer vitrineando de brazos cruzados. Vestimentas opacas y tristes; mira ropas de vivos colores... es como si la mujer envidiara a las maniquíes al tener esa mirada perdida con el cuello un poco inclinado a su derecha… La luz apenas se asoma por las dos entradas; se refleja en el parquet: melancolía. Salgo de la galería y las nubes reflejan la luz; pareciera que la aumentan.
Afuera, la multitud tiene cara de “no tener culpa de nada”; visten con colores oscuros y, al igual que la mujer en la galería, vitrinean ropas de colores vivos, de estilo “cool”, como un “bacán de discoteque”.
Los adultos llevan ocupadas las manos: bolsas, bolsas y más bolsas, hijos, hijas… típico “vamos a pasear” en familia.
Se transita más por los costados en vez del centro; se recrean mejor los ojos y así la libido… O vitrineas mercancía, o vitrineas gente: una especie de flâneur pero más inocente y menos agudo son las gentes de las bancas, ávidos observadores… ¿o debería decir mirones, voyeristas? En el paseo peatonal la multitud despliega su libido de varias maneras: tironeando, vitrineando, consumiendo… especialmente me da risa cómo los adultos conversan mientras el niño tironea el brazo de la madre pidiéndole alguna chuchería de los puestitos que se encuentran bajo un árbol, o en las esquinas; como el infante mira la madre hacia arriba con cara de “ten piedad” y ésta actúa como si no tuviera si quiera hijo.
Ahí vienen los skaters: la multitud se abre para ellos; éstos pasan flotando despreocupados, llevando el estandarte de la moda tatuado en su actitud y vestir… se lo ve orgullosos, sudando entre sonrisas y risas, gritos, llantos y estallidos conversacionales… y llega la piratería con los vendedores callejeros de cedés: películas, juegos y música que alfombran el suelo son opacados por un niño en un autito eléctrico; para y mira a su alrededor, continúa, se detiene y mira a su progenitor, avanza…
Un poco más adelante, hay modelos de Adidas en conjunto con Smartcom, de los cuales uno tiene un balón de fútbol. Llega un niño y trata de quitarle el balón: el modelo lo elude, jugando con gran simpatía, el niño vuelve y nuevamente lo eluden, el niño se cabrea; refunfuña y se va donde su padre. El modelo ríe: d ala impresión de que se rebajó a la altura del niño: hay cierta soberbia orgullosa en su lenguaje corporal.
A mi lado un ratón alado urbano camina, aletea, pica el suelo, despreocupado de la multitud y viceversa: no hay sonrisas, tampoco caras largas; todos son arrullados por el vaivén de la multitud.
Llego al centro del centro, tomo asiento y me atacan vendedores callejeros con sus chucherías, juguetes, globos, artículos de vestuario; basureros que juguetean y bromean con el Kino. Fotografía en perspectiva: Concepción - Aníbal Pinto – ocho de la tarde – Hush Puppies – Farmacias ahumada – Almacenes París – el centro del paseo vacío; los flancos atestados con aquella multitud borracha en su propio libido. Miro a mi zapatilla izquierda, que me saluda y suspiro.


La noche: el oído

Música, música fuerte, saturada: la radio no da más. Gritos, risas de los vendedores que juegan entre ellos. Paran la canción, ponen otra más canchera, de esas que se bailaban en la primera mitad de los noventa. Mientras mejor radio, mientras más decibelios, más público atrae para vender mercancía; es una feroz batalla entre radios, músicas y amigos hechos en el paseo.
Cambia el acento y tono de las conversaciones: la chabacanería, la villa llega y se toma el paseo peatonal; por el tono de las voces meciéndose en la música se nota felicidad, juego… quién fuera y quién pudiera ser aquellas voces alguna vez… ser un grito, una carcajada nocturna en la fiesta de la villa del paseo… “buena po’ hueón”, “jajaja conchetumare”, “oye ponte la cuatro, esa es buena”, “no, la siete, la siete”, “¿tení un cigarro?” avivan, entre otras frases, la fiesta.
Camino hacia el exterior, hacia el patio de la fiesta: el centro del centro. El silencio se cotidianiza: el silencio es el murmullo de los estudiantes y adultos conversando con sus compinches, parejas, amistades… van apurados, cansados: resoplan al terminar cada frase. Tomo asiento en el centro y oigo la última conversación por celular; ojala el chiquillo consiga el dinero para pagar, como lloriqueaba en la conversación, el alquiler de la pieza.

El olfato

Humedad.
El no-olor se torna frío, húmedo: ahora se huele el rocío; el rocío se cotidianiza. Ya no hay más desfiles de perfumes; el no-olor acapara todo, angustiando, entumiendo los huesos, mientras el olor a tabaco angustia al fumador e irrita al no fumador.
Reina el no-olor junto al olor a viejo, rancio; la ciudad se viste de andrajos que apestan y te susurran lo que han vivido a través del hedor. Estalla de repente un fuerte olor a orina; infaltable, en una esquina visible.
El olor, los olores de la noche te muestran más o menos cómo fue el día: sobre todo si fue bueno o malo, que es lo que importa… ¿o no?

La vista

Corren, se empujan, ríen, gesticulan parafernalicamente: la villa se instala en la ciudad con su mercancía: los cedés piratas alfombrando el paseo a destajo. La multitud es ahora la de la villa, el paseo se transforma en esquina de villa, con radios, sándwiches, huevos duros, taburetes y mucho sencillo en los bolsillos. La mujer más habladora, que tiene un verdadero círculo oyéndola, gesticula con atisbos de psicopatías, agresiva, autoritaria, dientes chuecos, abre los brazos, entrelaza los dedos, se rasca, escupe, ríe y echa a su audiencia… todo un personaje nocturno.
Los hijos de la villa en el día, son en la noche los hijos del paseo. Correteando, jugando, con los mocos de la nariz colgando de sus fosas nasales, brillan en la oscuridad, encandilan a las luces, las intimidan con su radiante gracia; con una sola sonrisa cegan mi atención: felicidad a la orden.
El despliegue de la libido es cambiada por la fiesta villera, más sana, menos alienada; es una sonrisa, son sonrisas, hermandad. La multitud no es despreocupada; no está pendiente de sí, pero al surgir algún peligro para ella, se repliega en sí misma y lucha o corre junta en direcciones distinas.
Un niño orina en la entrada de una farmacia, ansioso de volver al juego. Envidiable.
Voy hacia el centro del centro: ya no está la villa, cambia el ambiente; parejas, estudiantes, amistades… todos apurando, debido a la hora: el centro es angustia, ansia; le temen a la villa: el imaginario social les hace temerle. Curioso: para la villa, estas personas son los compradores de su mercancía; para los transeúntes, la villa es signo de inseguridad, delincuencia, robo, asalto, angustia: nunca en el día habían deseado ser rápidos y llegar o estar en su casa, e incluso en su cama. Conversaciones raudas, toscas, resoplando con cara de cansancio, celulares… ¡benditos celulares para los padres de los jóvenes! “voy en camino papi… si… mas o menos” se lee en su lenguaje facial. Los polos se dan en una sola calle: la villa y el sector residencial personificados… deleite del flâneur marxista.
[1] Baudelaire, Charles, “Salones y otros escritos sobre arte”, Ed. Visor, serie la balsa de la medusa, Madrid, 1996, p. 358
 
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" The multitude is his domain, like the air is that of the bird, as the water that of the fish. His passion and his profession is to stick fast to the multitude. For the perfect walker, for the passionate observer, it is an immense joy to choose domicile between the number, in the undulating thing, in the movement, in the fugitive thing and the infinite thing. To be out of house, and to feel, nevertheless, the center of the world and to remain secret to the world, such they are some of the minor pleasures of these independent, passionate, impartial spirits, that the language only can define (1)".
 
The ride begins, how not, from a gallery, which would come being the passage in the flâneur, located in Barros Arana between Colo Colo and Aníbal Pinto,  and then to go, guided by a tortoise, to the " center of the center ", to the " stop of the idiot ": Muds Trick with pinto Aníbal, where strategic position takes, and I look backward of the way that I did. There will take the ear(hearing), the smell and the sight, in the day and the night. The observation was the day Saturday on November 27. Now, let's enter to the flâneurism with sthesic separation.
 
The day: The ear
 
Ripples, echoes of the confinement in the gallery. Slippers sounding in the parquet, rubber that announces the arrival of a soul to the morbid contemplation of goods … but cannot escape of the surge of the exterior, that mece to the wind that creates the vestibule. The feminine sensuality irrumpe in heels tearing the parquet with character; she gives the impression of which it is one to walk of gangplank, putting the weight in the hips, shaking them… and we come to the pedestrian walk: what exquisitely me mece the ripple … until a conversation strikes me, other one and another more: they pass by my side, I catch free words that stop very much for lmagination and narrative poiesis... " yes, but I … ", " already, daughter ", "hahaha"; diversity of words, of peoples … but, as Paul Valery said, " the men differ for what they show, and they look alike for what they conceal " … an infantile shout Explodes, I turn the head: verborrea innocent and graceful of a child who astonishes for everything; already well Giacomo Leopardo said it: " the children find everything in nothing"...In the distance the music comes dancing to the compass of the breeze, dancing with the ripple taken of the hand. Tender, the music begins to dance with more force close to the ripple, takes the initiative: it(he,she) gives the pace of step to the peoples: welcome to the parade of the cotidaneidad: bass-drum and box of the music together with the trodden ones of the peoples … " Chow chow " gives the step for the skateboard's wheels: they remember the arrival of a train that no one waits; the skateboard brings the soil back to life which it never feels so alive as when it mixes with another object for giving birth to a sound. " We go, go "; heels captivated with the soil concibiendo a hammering that rhymes asonantemente with the shout of the saleswoman of cedés pirates - Explodes and breaks an infantile shout … an electrical tiny car resembles the yesterday's machine, and now a ball of basketball accompanies this tiny car reounding: the soil smiles. " Music, movies, games "; children and their characteristic speech of high decibels does awakening to the cotidaneidad of yes same … there came the train (and therefore, the brown peanut): it smiles, this time, the infancy.
I take seat in the center of the center: the Kino jumps on the multitude outrageously... it is the voice of the consumption: opportunity of the autorrealización humanizes across the money; all that while the cathedral becomes present on him having remembered the multitude that God is looking with the rings, which are eight …
 
The smell
The woman comes to the gallery: the head throbs and makes turn a sweet and spring perfume; it shines, re-shines, destroys the dryness of the cold dust of the gallery... but this smell returns, (will continue)
 

Posted on 08/17/2006 1:34 AM Visits: 5
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